Lágrimas

Soy adicto a las historias, en todas sus formas y medios: palabra escrita, pixel o celuloide; sátira, drama, comedia o tragedia.

Sin embargo, por algún motivo, siempre gravito hacia a aquellas historias que intentan removerme por dentro, a veces sutilmente y, en ocasiones, con el tacto de un martillazo en el pecho.

Y es que soy de lágrima fácil, lo reconozco, me conmuevo con facilidad y no me da miedo admitir que, en alguna ocasión, leyendo, me he quedado quieto, he alejado la vista y he empezado a sollozar a lágrima viva.

Alguna vez me he preguntado por qué me someto a ello, qué clase de motivación me lleva a querer “pasarlo mal” con la historias a las que me expongo.

Y creo que es porque esas historias se sienten más vivas. Ver cómo la tragedia golpea a unas vidas otrora felices, cómo los horrores de una realidad carente de clemencia sorprenden a los protagonistas, y cómo, pese a sus debilidades y temores, estos se enfrentan a sus destinos con todo lo que tienen.

Aunque todo se nos venga encima, siempre debemos intentar volver a levantarnos.

He visto gente que, aun sabiéndose condenada, ha seguido sonriendo, haciendo todo lo posible por disfrutar del tiempo que les quedaba. Otros que tomaron las decisiones equivocadas, pero siguieron adelante porque sabían que rendirse era el final. O aquellos que veían cómo todo a su alrededor se venía abajo, ellos incluidos, pero que, tras caer, hincaban la rodilla en la tierra y se levantaban de nuevo.

Esa lucha – ganen o pierdan – es lo que me resulta inspirador.

Por intensa y duradera que sea nuestra felicidad, ésta, puede verse cortada en cualquier momento. Las relaciones se terminan, nuestros seres queridos se acaban yendo, la enfermedad acecha. Es normal que experimentemos la tristeza en esos momentos y, de hecho, debemos permitirnos sentirla. Dejar que las lágrimas salgan para que la amargura se vaya. La vida misma…

No nos engañemos, sabemos que podemos volver a ser felices, que la vida son altos y bajos, y un día volveremos a sonreír y reír. Y que, si al final caemos ante las circunstancias, podremos alzar la cabeza con orgullo, sabiendo que lo dimos todo.

¿Podríamos reconocer la felicidad si nunca hubiésemos experimentado la tristeza, si nunca hubiésemos arrojado un lágrima?

Yo creo que no.

Alex García Collado

Alex García Collado

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Soy un ignorante y no tengo miedo a reconocerlo. Y esto lo sé porque nunca dejo de aprender. Cuanto mayor es nuestro nuestro conocimiento mas evidente es nuestra ignorancia. Si crees saberlo todo es porque en realidad no sabes nada.

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